Aprender a nadar

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Por Antonio Espinoza, socio del Club de Ejecutivos.

El ex­‑primer ministro de Gran Bretaña, John Major, suele relatar una anécdota para ilustrar las consuetudinarias dificultades que enturbian la relación entre gobernantes y la prensa.  

Cuenta Major que en cierta oportunidad, siendo jefe del gobierno británico, fue a un lago de pesca en un bote con motor fuera de borda. Los periodistas, que siempre lo escoltaban, quedaron en la orilla observándolo. Luego de un par de horas de pesca, Major decide regresar, pero a pesar de numerosos intentos no logra arrancar el motor del bote. Entonces, toma la canasta con los pescados, se baja del bote y va caminando tranquilamente sobre el agua hasta la ribera. Al día siguiente, los titulares de los diarios pregonan, “Confirmado: John Major no sabe nadar”.

Viene a la mente la anécdota al observar las reacciones de varios medios locales ante el último informe sobre la reducción de la pobreza en el Paraguay, recientemente publicado por la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos (DGEEC).

Las mediciones de este organismo indican que en los últimos cinco años la pobreza total del país ha caído de 31,4% de la población en el 2012 a 26,4% en el 2017. En total, unos 185.000 paraguayos salieron de la pobreza en ese lapso. En cuanto a la pobreza extrema, el segmento más crítico y lacerante, esta pasó de 7,38% de la población en el 2012, a 4,41% en el 2017, una reducción de 40%, en términos relativos, en el porcentaje de pobres extremos en el país.

Uno pensaría que sería motivo de alegría que tantos compatriotas hayan salido de la pobreza y la pobreza extrema, pero los titulares de los diarios lo presentan de otra manera: “En la era Cartes la pobreza se redujo en apenas 1,6 puntos”, dice uno. “1.809.063 paraguayos duermen con hambre”, proclama otro. Estas interpretaciones de las cifras no le sorprenderían a John Major, pero una prensa más ecuánime celebraría los logros, sin dejar de lado la crítica a las falencias de los programas y el desafío que representa lo mucho que aún queda por hacer.

El Banco Mundial nos facilita una perspectiva objetiva. La metodología de medición del Banco tiene diferencias con la utilizada por la DGEEC, pero sus estadísticas son provechosas para hacer comparaciones entre países. Según los últimos informes de esta entidad, el porcentaje de pobres extremos en el periodo 2014-15 en el Paraguay era de 1,7%. Comparado con otros países con nivel de ingresos similares, estamos significativamente mejor que la mayoría de ellos.

Próximamente contaremos con un flamante gobierno, que buscará formular innovadoras políticas dirigidas a la reducción de la pobreza. Los fríos números estadísticos del Banco proporcionan una valiosa orientación, graficando la correlación que existe entre el nivel de pobreza de los países y el PIB per cápita de sus habitantes, a tal punto que cuando el PIB per cápita de un país alcanza unos $20.000, ajustado por poder adquisitivo (PPP), prácticamente desaparece la pobreza extrema.1 Esta es la situación hoy de países como Uruguay. Croacia o Kazakstán, donde casi ya no hay pobres extremos.

Para incidir eficazmente en la reducción de la pobreza, el nuevo gobierno debe urgentemente priorizar políticas para aumentar nuestra insuficiente tasa de crecimiento, y a la vez proponer estrategias para distribuir más equitativamente los recursos generados entre todos los habitantes del país.

No esperemos caminar sobre el agua, pero si vamos a reducir la pobreza debemos aprender a nadar mejor, y más velozmente, en las turbulentas olas de la economía mundial.

1) Un interesante gráfico interactivo se encuentra en https://goo.gl/H4rtWu

Artículo publicado el 7 de mayo de 2018 en el diario Última Hora.