Educación

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Por Luigi Picollo, Vicepresidente del Club de Ejecutivos del Paraguay.

En cada periodo presidencial se habla de mejorar la competitividad. El sector privado propone ideas e insiste en establecer ciertas prioridades que perduren. Una de esas recurrentes prioridades es el reiterado tema de la “Educación”, nuestra verdadera fuente de competitividad, o de freno. El resto son ventajas temporarias. Los inversionistas buscan oportunidades de negocios en el supermercado mundial, los países compiten en atributos que en su mayoría son copiables o temporales. Lo único más permanente es la capacidad de los ciudadanos, porque en la realidad no hay mucho movimiento de personas talentosas y competentes entre las fronteras. El dinero entra y sale con un click, la gente no se traslada así de fácil, y los más capaces se mudan menos.

Algunos aún han quedado con la idea de que es posible emplear a ciudadanos con limitada instrucción en nuestro gran motor de la economía paraguaya que es la “agricultura”. Este tradicional raciocinio está errado. El boom del agro-negocio terminó en el 2014. En el futuro cercano, la agricultura en Paraguay crecerá marginalmente y se automatizará hasta eliminando empleos. En los EEUU hace décadas la agricultura ha estado despidiendo gente y al mismo tiempo aumentando la productividad, siendo una tendencia mundial. La economía paraguaya se está tornando más compleja, donde la industria ya lidera las inversiones. Luego viene la construcción, la cual es mucho más exigente que antes. Los empresarios de la construcción vienen importando material humano. Siguen los segmentos de servicios a las empresas, transportes, hotelería, etc., que todos demandan gente entrenada e instruida. Sin ciudadanos capaces el dinero no va a generar inversiones. Si hay que importar todo el staff, pocos emprendimientos en Paraguay serán rentables.

Simultáneamente a esta realidad es nuestra entrada en la era de la inteligencia artificial. Los empleos se están automatizando y las computadoras, teléfonos inteligentes y demás artefactos conectados a la red van a realizar los trabajos repetitivos que hoy efectúa una persona. Los estudiosos opinan que 450 millones de empleos desaparecerán en menos de 15 años, porque serán reemplazados por programas inteligentes. Ya se habla de que hasta los profesores iran desapareciendo y serán substituidos por robots educativos y otros artefactos inteligentes que ingresarán en los hogares, donde se tendrán las mismas capacidades que en las escuelas. Aunque no desplazarán a la mayoría de los docentes, reemplazarán varias de sus funciones actuales.

El mundo camina a tener solo dos clases sociales por nivel de instrucción: el generalista, líder, y solucionador de problemas complejos que no se puede automatizar, realizando tareas hasta difíciles de definir; y  el obrero que realiza la tarea manual a un costo tan bajo que ni compensa poner un robot para hacer lo mismo. El mercado es brutal y despiadado con la gente que no tendrá instrucción. Nuestros ciudadanos no serán la excepción. Tal vez el desempleo no aumente por el bajo nivel de desarrollo del país, pero si se establecerá un techo muy bajo de los salarios para aquellos a los que hoy nuestro sistema de educación no les ofrece el acceso a la era tecnocientífica.

La prioridad en educar a nuestros ciudadanos debe de ser lo más importante, lo primordial, porque es esto lo que va a definir el nivel de ingresos en su vida. Siempre hemos hablado de esto y es hasta intuitivo, pero la velocidad con que se viene en esta era, la frialdad con que el mercado substituirá personas semi-instruidas por robots, ha hecho que la ignorancia sea un hueco muy profundo,  donde quien este no tenga la menor chance de salir. La persona no instruida será el esclavo de la era moderna.


Artículo publicado el 18 de marzo de 2019 en el diario Última Hora.