La cambiante dinámica competitiva

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Por Luigi Picollo, Vicepresidente del Club de Ejecutivos.

En los últimos años hemos visto que la economía paraguaya, antes muy cerrada y familiar, se ha venido abriendo a las inversiones extranjeras, colocándose en la lista de países a visitar por parte de importantes empresas y grandes inversionistas. Esto es muy bueno macroeconómicamente. Pero este fenómeno impone también una nueva dinámica competitiva al que los empresarios locales nos debemos de adaptar, pues ya se vienen sintiendo los efectos.

El primer efecto que sufre una pequeña economía es la especulación inmobiliaria que deja afuera al ciudadano nacional. Los precios de los inmuebles en Paraguay se han multiplicado  por algo que no tiene nada que ver con nuestro real crecimiento de ingresos per cápita, sino por otros efectos fortuitos de carácter externo. Por ejemplo, la difícil situación económica del campo argentino en el ambiente Kirchner hizo que los argentinos vendiesen sus campos y comprasen con ese mismo capital otros muchos mayores en Uruguay. A su vez, el uruguayo vendió muy bien su campo y con ese capital vino al Paraguay a comprarse un campo muchísimo mayor.

En esta calesita de inversiones, Paraguay no tenía nada que ver con la dinámica, pero terminó vendiendo a los uruguayos más de un millón de hectáreas. Campos que en el Chaco valían US$ 40 la hectárea hace 10 años, hoy valen más de US$ 1,000, por el solo efecto especulativo, pues un campo o cualquier negocio inmobiliario lícito no puede ser tan rentable como eso. Hoy el paraguayo promedio ya no puede comprar campos en su propio país. Las transacciones, si las hay, son de nacionales a los extranjeros.

El segundo efecto es que para iniciar o sostener cualquier negocio actual se requiere hoy muchísimo más capital que antes. Por ejemplo, antes una despensa independiente era viable, hoy es la dictadura de las dominantes cadenas de supermercados. Antes un importador de vehículos vivía de una sola marca, hoy tiene que ser multimarca para amortizar la red de distribuciones. Las franquicias multinacionales han borrado los nombres de las pequeñas inmobiliarias. Los negocios de barrio sucumbieron frente a desproporcionales shoppings construidos por inversionistas extranjeros. Es imposible que la legítima rentabilidad de estos pequeños negocios generen caja suficiente para realizar monumentales inversiones para ponerse al mismo nivel que los nuevos gigantes que irrumpen en su segmento.

El tercero es el abuso de la posición dominante. En el Paraguay no existe ni se cumple una determinante ley “antitrust”. También conocidas como leyes que regulan la competencia, protegen a los consumidores en contra de prácticas predatorias en los negocios, para asegurar que exista una competencia justa en el mercado, evitando monopolios, oligopolios, dumping e impedimentos artificiales a la libre competencia.  Este efecto ya lo sentimos en varios sectores, como por ejemplo las marcas internacionales de gaseosas imponen largos contratos de exclusividad a los puestos de venta. También el líder del segmento de seguros médicos impone contratos de mínima cobertura a sus asegurados, así como ya es tradicional que multinacionales de cervezas impiden la distribución de pequeños lotes de productos similares en bares y restaurantes. Las multinacionales y las grandes empresas locales hace tiempo se dieron cuenta que aquí se juega sin reglas, y pueden comprar empresas que les compiten solo para cerrarlas, sin ninguna consecuencia legal.

A raíz de toda esta dinámica, la estrategia empresarial que resta es buscar con ecuanimidad el mayor crecimiento posible para mantenerse, y si se puede, la mayor diversificación  para diluir el riesgo. Es verdad que el mercado como un todo ha crecido, pero las inversiones requeridas para tan solo mantener la misma participación actual ha crecido desproporcionalmente más de lo que ha crecido nuestro sector mercantil.