La flecha de la historia

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Por Antonio Espinoza, socio del Club de Ejecutivos.

En estos días el mundo conmemora aniversarios de acontecimientos históricos que marcaron hitos en la evolución de la civilización. El 4 de julio recuerda la firma de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en el año 1776, creando un sistema de gobierno democrático que ha sido ejemplo para la mayoría de los países de nuestra región. El 14 de julio se celebra la toma de la Bastilla en Francia, en 1789, punto de partida de la Revolución Francesa que puso fin a un reinado decadente y corrupto, originó la Declaración  de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y facilitó la consolidación de la primacía de las ciencias en el quehacer humano.

Recordemos también la firma de la Carta de creación de las Naciones Unidas, el 24 de junio de 1945, y la rúbrica de la Carta Magna por el rey Juan de Inglaterra, el 15 de junio de 1215, que por primera vez reconocía los derechos fundamentales de los súbditos ante el absolutismo monárquico medieval, iniciando un proceso que culminó siete siglos más tarde, en 1948, con la Declaración Universal de Derechos Humanos de la Naciones Unidas.

Aparte de las cercanas coincidencias en las fechas, un hilo conductor vincula estos acontecimientos. Cada uno marcó un punto de inflexión en la historia en el cual se redujo la dominancia de regímenes despóticos y se fortalecieron las libertades individuales. En un creciente número de países, sistemas de gobierno pasaron de depender de un individuo o una pequeña casta oligárquica o aristocrática a lo que el presidente Lincoln describió como gobiernos del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, la democracia.

En el año 1900, un 12% de la población mundial vivía en democracia; para el año 1950 esta cifra había pasado a 31%, y hoy se estima en 56%. Un gran dividendo de la democracia ha sido la paz: salvo raras excepciones, nunca hubo guerra entre países democráticos.

Más reciente ha sido la evolución de la libertad de comercio. La fundamentación teórica de las ventajas del libre comercio sobre los modelos proteccionistas se inició en el siglo XVIII con economistas como Adam Smith y David Ricardo, enfrentándose a los poderosos intereses mercantilistas que prosperaban con altas tarifas y gravosas restricciones al comercio internacional.

Paulatinamente se fue haciendo cada vez más evidente el papel indispensable del libre comercio para potenciar el crecimiento económico de los pueblos, y en 1948 se suscribe el acuerdo creando el GATT, organismo precursor de la Organización Mundial de Comercio, con la misión de liberalizar los intercambios comerciales en un marco de normas aceptadas por todos los países.

El impacto ha sido dramático. Entre los años 1950 y 2000 el ingreso mundial se sextuplicó. Al mismo tiempo hubo una prodigiosa reducción de la pobreza:  en 1950 más del 60% de la población mundial vivía en extrema pobreza, proporción que para el 2015 se redujo a menos del 10%.

Esta evolución de las libertades personales y comerciales es la flecha de la historia. No ha sido sin contratiempos y reveses, pero su avance secular ha sido inexorable. Su vuelo virtuoso es en un solo sentido, aunque sufra los embates de ventarrones y turbulencias que momentáneamente lo desvían, siendo la actual pandemia uno de los más trascendentes.

Siempre existe el riesgo de quienes buscan aprovechar los momentos de crisis para provecho propio, proponiendo modelos de gobierno más autoritarios con la excusa de mayor eficacia, o medidas proteccionistas alegando defender empresas y empleos nacionales.

Impedir o torcer la trayectoria de la flecha de la historia conduce a pérdida de libertades y al retraso del crecimiento  económico, base a su vez del desarrollo humano. Como sociedad debemos ser vigilantes y reconocer estos designios, sea cual fuere el seductor antifaz que lleven puestos.