Las ballenas están muriendo

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Gabriela Teasdale, socia del Club de Ejecutivos.       

Hace unos días, mi hijo regresó del cumpleaños de uno de sus mejores amigos con un recuerdo muy particular. Como “sorpresita” había recibido una planta de lapacho. “Tenemos que buscar un lugar para plantarlo y cuidarlo, porque así vamos a ayudar a cuidar nuestro planeta”, me dijo. Ese comentario fue el puntapié de una linda conversación sobre cómo podemos colaborar con pequeños gestos para hacer de este mundo un lugar mejor. Y no solo plantando árboles sino también, por ejemplo, reduciendo el uso de productos plásticos. El acceso a las redes sociales nos ha acercado a la triste realidad de la fauna marina: un ecosistema en grave peligro por la contaminación y por las toneladas de plástico que acaban en los océanos. ¡Las ballenas están muriendo porque no sabemos cuidarlas!

Hay iniciativas loables que merecen difundir e imitar. El parlamento de Francia aprobó prohibir el uso de artículos de plástico como cubiertos y pajitas, que está demostrado producen un gran daño al llegar a los océanos. Según los parlamentarios que apoyaron la iniciativa, estos productos, que se prohibirán en el mercado de la Unión Europea a partir del 2021, constituyen más del 70 por ciento de los desechos marinos. Paralelamente se establecieron objetivos para reducir el uso de otros tipos de plástico no prohibidos, como cajas de hamburguesas, de sándwiches, o recipientes de alimentos para frutas, verduras, postres o helados. Con las botellas de plástico, la idea es que se puedan recolectar por separado para así poder reciclar un 90 por ciento de estos contenedores en el 2025. También se acordó elaborar planes para concienciar a las personas en el uso de productos de consumo adecuados, así como su reutilización y reciclaje.

Estas decisiones y todo lo que implican pueden sintetizarse en las palabras de Frédérique Ries, miembro de Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa: “Hemos adoptado la legislación más ambiciosa contra los plásticos de un solo uso. Ahora nos toca a nosotros mantener el rumbo en las próximas negociaciones. Esta votación allana el camino para una próxima y ambiciosa directiva y es esencial para proteger el medio ambiente marino y reducir los costos del daño ambiental atribuido a la contaminación plástica en Europa, estimada en 22.000 millones de euros para el 2030”. Me parece una excelente reflexión y un ejemplo a seguir en todo el mundo, porque cuidar y proteger nuestro planeta es una tarea de todos. La clave está en tomar acción de manera inmediata. Podemos decir “no gracias” cuando nos ofrecen una pajita, llevar nuestras bolsas de tela al súper, utilizar más vidrio y menos plástico, rellenar nuestras botellas de agua en vez de comprar un plástico nuevo cada vez que nos dé sed. Pensar en cambios simples desde el lugar en el que nos toca estar y actuar va a redundar en transformaciones para el ambiente. Seguir ciertos ejemplos positivos trabajando todos juntos nos va a permitir, primero, tomar conciencia de lo mucho que necesitamos cambiar, y segundo, actuar. Qué positivo seria seguir ciertos ejemplos e impulsar normas y trabajos conjuntos entre diferentes sectores de la sociedad para limpiar los arroyos contaminados, reducir la deforestación galopante que afecta principalmente a nuestro rico y diverso Chaco y tener muchas más ciudades como Atyrá.

Y ¿por qué no? Pensar en ideas como las del amigo de mi hijo, que a sus ocho años eligió hacer algo para generar conciencia en su grupo de influencia y nos enseñó a todos que no necesitamos títulos, poder y firmas de convenios para ser parte de una transformación positiva.

Porque los pequeños actos son los que marcan la diferencia. Y son los pasos para los grandes cambios.


Artículo publicado en el diario La Nación el 30-03-2019