Más presión sobre las operaciones sospechosas

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Por Luigi Picollo, Vicepresidente del Club de Ejecutivos del Paraguay.

El 2019 va a ser un año donde va a quedar claro si la retórica de querer controlar las operaciones sospechosas es solo “for export” o lo vamos a cumplir en serio.

Hay indicios positivos. La Seprelad inicia el año con un presupuesto ampliado. Los bancos están con un miedo del Gafilat que van a apoyar lo que sea para que no se les complique las líneas de corresponsalía. Los cargos de confianza del nuevo gobierno están designados y la responsabilidad delegada. La hoja de ruta incluye simpatizar con EE.UU, mientras que Brasil ya señalizó que va a hacer lo que EE.UU desea, y Brasil nos marcara el paso. Los emisarios de grandes poderes vienen a saludarnos y nos tocan el tema. La política exterior del Presidente Theodore Roosevelt era: "habla suave, pero lleva un gran palo”. A buen entendedor pocas palabras bastan. El mensaje está dado.

Ahora hay que evidenciar nuestra convicción con acciones concretas. Los hechos exigen gente en la cárcel por lavado de dinero, empresas intervenidas, cancelación de cuentas corrientes de clientes bancarios, entrar en la etapa de juicio por enriquecimiento ilícito, etc. En esta parte no hay mucho que mostrar más que ruido mediático y humo de colores.

El inicio de la solución no pasa por pedir a los países desarrollados que nos entreguen evidencia de cómo actúan los delincuentes en nuestro país, haciéndonos los ofendidos. Las acciones útiles son darles información a ellos para que completen las piezas del rompecabezas que les falta. Solo una entidad de inteligencia que abarque varios países podrá ver el “todo”, seguir la trazabilidad del dinero, y realmente capturar al pez gordo.

Las redes delictivas trafican cualquier cosa ilícita, son verdaderas multinacionales del crimen con varias líneas de negocios: el tráfico de narcóticos, de armas, de personas (que comienzan como mulas del narcotráfico). No es un solo tipo de negocio, porque la cadena de distribución lleva y trae lo valiosamente ilícito. Lo que sustenta estas redes criminales son: a) la altísima rentabilidad; b) el poder pagar mentes brillantes para esconder sus movimientos financieros; y c) la torpeza de las autoridades donde jurásicamente piensan en la privacidad de la información nacional.

El dinero verdaderamente grande se mueve a través del sistema financiero y no en efectivo, por lo que la guerra se ganará en este terreno. La estrategia moderna es integrar la base de datos de la Policía Nacional, con Migraciones, con la SET, con la Abogacía del Tesoro, con el Banco Central, con la Seprelad, entonces el Estado tendrá los datos para cruzar todo. La información está en casa, y si la integramos será valiosísima. Existen muchísimos softwares para data minning, business intelligence, inteligencia artificial aplicada a behavioral sciences, que harían maravillas en evidenciar las redes delictivas que se pasean financieramente por nuestro país. Solo bastaría compartir esto con la DEA, la Policía Federal de Brasil, la PCI-Policía de Investigaciones de México, Chile y Colombia. Sin disparar un tiro, Paraguay se convertiría en un aliado ejemplar. En el mejor de los casos esta contundente “arma” de la era moderna actuaría como una estrategia disuasoria ahuyentando a los más peligrosos. Nos vamos a volver más seguros sin contratar un solo policía adicional. El golpe más contundente no es dispararle al operador, es confiscar el dinero del patrón.

La guerra hoy se juega silenciosamente en el campo de la inteligencia. Se ejecuta juntando pruebas del movimiento de dinero, y solo al final se captura al realmente responsable, el autor intelectual de todo. Usualmente el gran jefe no es un ignorante campesino, o un piloto del narcotráfico volando de noche, sino es una figura en apariencia respetable de la sociedad con una sólida fortuna como fachada. 


Artículo publicado el 21 de enero de 2019 en el diario Última Hora.