¿Una decisión o una consecuencia?

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Por Luigi Picollo, Vicepresidente del Club de Ejecutivos del Paraguay.

Todos los años el PGN-Presupuesto General de la Nación parece ser una gran decisión de las verdaderas políticas públicas para el “progreso colectivo”. Suponemos eso bajo nuestra lógica de que las genuinas prioridades se evidencian donde se coloca el dinero, y el resto son discursos para entretener a la opinión publica. Pero ¿qué tanto realmente el PGN es una decisión anual o una rígida consecuencia de décadas de decisiones mal tomadas por los gobernantes?

Primer aspecto, el 73% de los impuestos se gastan en salarios. Esto es un monto rígido porque la ley de la función pública hace inamovibles a los casi 300,000 funcionarios. Los servicios que el Estado proporciona como educación, salud, seguridad, infraestructura y justicia son deficientes para las exigencias competitivas del Siglo XXI. Para mejorarlos a niveles aceptables o comparables con países de la región, necesitamos un volumen de dinero que no tenemos. O sea, lo que el Estado pueda llegar invertir nunca será suficiente, solo va a disminuir en algo el atraso. Si contratan más gente, esta gente se convertirá en un gasto rígido eterno. Mientras tanto, todos estos funcionarios se amotinan contra el PGN en sindicatos que presionan a los débiles gobernantes para que les aprueben aumentos salariales. Basta con la solicitud de aplicar al sector público el mismo aumento del salario mínimo privado, que el PGN entraría en un déficit impresionante. Hoy nomas, en pedidos de aumentos ya tenemos a los docentes con el +3%, la Fiscalía con hasta el +10% y la Corte Suprema de Justicia con el 18%. 

Segundo aspecto, aproximadamente el 20% de los impuestos está comprometido en gastos rígidos como son el servicio de la deuda y los pagos obligatorios de las cajas previsionales y demás fondos quebrados de los mismos empleados públicos. Este número solo aumentará, pues las cajas que aún no son deficitarias lo serán en poco tiempo. Las tasas de interés están subiendo en el mundo, por lo que el Estado paraguayo necesariamente pagará más caro por cada dólar adicional que preste para hacer obras o para bicicletar su deuda.

La tapa de esta “olla a presión” es la Ley de Responsabilidad Fiscal como límite del déficit. Si bien es una ley autoimpuesta por nosotros mismos, es la vara con la que el mundo nos mide para prestarnos dinero, invertir en Paraguay y evaluar nuestro mercado. Si la violamos perderemos todo, porque al mundo no le temblará la mano para sancionar económicamente a un país pequeño y sin mayor relevancia para el comercio internacional. ¿La Argentina puede conseguir un salvavidas de US$ 50 billones del FMI, pero nosotros?... olvidémonos!

Lo que queda por decidir en qué gastar o no gastar es menos del 10% de los ingresos tributarios, que es lo único legítimo y sostenible del cual podemos disponer. Por eso el PGN es una rígida consecuencia del pasado, donde la amplitud de maniobra que le queda al Ejecutivo como “política de Estado” es mínima. No hay ni va a haber suficiente dinero “a disponer” para salir del atraso en ningún aspecto.

Esencialmente el problema de cualquier PGN es que el estado es demasiado grande porque esta lleno de demasiados funcionarios, quienes hace rato dejaron de crear valor. En la era moderna, cuantas empresas exitosas pueden tener una base de costos donde el 73% son gastos salariales? Una empresa normal, para que cada funcionario cree valor, debe disponer de muchas veces el costo del funcionario en patrimonio productivo como maquinas, vehículos, infraestructura informática, inmuebles, inventario, gastos en proveedores tercerizados, etc. Obviamente nunca va a haber dinero propio (ni prestado siquiera) para la infraestructura faltante, que viabilice la eficiencia de los 300,000 funcionarios públicos. Entonces lo que sobran son los funcionarios. El resto es una consecuencia de no afrontar este problema.

Artículo publicado el 15 de octubre de 2018 en el diario Última Hora.