Agricultura 4.0

Gabriela Teasdale / 13/04/2018

La cuarta revolución industrial llega al campo, enfrentándose al déficit de conectividad y educación.

Hasta hace unos años, los agricultores decían a sus hijos que tenían que estudiar mucho para alguna vez poder salir del campo. Hoy, los hijos de los productores deben estudiar mucho más para poder quedarse en sus campos y hacerlos competitivos.

Los avances genéticos produjeron semillas más resistentes y productivas, y los avances tecnológicos aplicados a las maquinarias minimizaron en gran medida los márgenes de error en el manejo de los cultivos. Hoy, a la hora de producir, sólo hay un factor que el agricultor no controla: el clima.

Los sistemas productivos que no están acompañados por los avances tecnológicos tienden a desaparecer. Pero no sólo las mega-maquinarias ni los implementos de última generación hacen la diferencia. Diferentes tecnologías del mundo digital -programas para computadoras, aplicaciones para tabletas y celulares y programas codificados de TV por cable, muchos desarrollados por las empresas productoras de insumos- permiten hoy al productor rural realizar más fácilmente y con menor margen de error, numerosas tareas como monitoreo de cultivos, control de cosechas, detección de deficiencias nutricionales (en plantas, animales y suelos), identificación de factores de riesgo y alternativas para tratarlos, cálculo de insumos y de dosis a ser aplicados, gestión integrada de plagas y enfermedades, precisiones sobre efectos secundarios del uso de fitosanitarios, identificación de malezas, detección de épocas de preñez para el ganado... sin olvidar las informaciones sobre clima, precios en bolsas o mercados, y análisis de suelos para corrección. Algo así como tener varios agrónomos dentro del teléfono.

Satélites y drones recolectan información de plantas, suelos y clima, y las repasan en tiempo real a los agricultores, técnicos e investigadores. Sensores en las plantaciones guían a tractores y cosechadoras automatizadas, reduciendo costos y mejorando la eficiencia. 

Diversas aplicaciones ayudan a agricultores y ganaderos a tener en la palma de la mano (literalmente) opciones para entender mejor sus cultivos y rebaños. También asisten a investigadores, formuladores de políticas públicas y bancos a medir probables riesgos al momento de planificar y analizar el otorgamiento de préstamos. ¿Los últimos? Simuladores de condiciones de producción, para poder ver los problemas antes de que ocurran. Millones de hectáreas ya pueden ser monitoreadas desde teléfonos inteligentes, tabletas y computadoras, definiendo también un nuevo perfil de agricultor.


La cuarta revolución

El término Agricultura 4.0 surge en referencia a la última revolución industrial. 

La primera instauró el sistema de producción fabril, gracias a la máquina de vapor, 

la energía hidráulica y las primeras mecanizaciones. 

La segunda llegó a la producción en masa, con la electricidad y las cadenas de montaje. 

La tercera se basó en la informática, con apoyo de las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y una creciente automatización de los procesos.

La cuarta trajo una palabra clave: digital. Abarca la nube informática, los sistemas ciber-físicos, la robótica y el “internet de las cosas”; la red al servicio de la solución de problemas concretos y tangibles. Todo eso está llegando al campo para quedarse.   


Tendencias marcadas

La revolución agrícola en Gran Bretaña, con los cultivos rotatorios, constituyó un factor fundamental para el desarrollo de la primera revolución industrial. Esta generaría la introducción de máquinas sembradoras, arados, segadoras y trilladoras, que progresivamente fueron explotando las nuevas formas de energía (máquina de vapor, petróleo y electricidad). 

Sin embargo, la “nueva energía” que caracteriza a la 4.0 probablemente es más relevante porque optimiza el uso y gestión de las fuentes de energía de las revoluciones anteriores.

“Las tendencias apuntan a que el sector agropecuario demande nuevas TICs para la gestión de datos, informaciones y conocimientos en todas las etapas de la cadena productiva. Será una nueva infraestructura, con los mundos físico y digital totalmente interconectados.”, dice la especialista Silvia Fonseca Silveira, una defensora de la agricultura digital de la Empresa Brasilera de Investigación Agropecuaria. “La innovación es esencial para garantizar que las próximas generaciones puedan ser alimentadas con calidad. Pero además del aumento de la demanda, hay otros desafíos como los cambios climáticos y la restricción de recursos como agua y suelo”. Además de aumentar la productividad, “se necesita utilizar un abordaje más amplio, que incluya producción y consumo sustentable, de forma a garantizar la seguridad alimentaria de las futuras generaciones”, agrega Silvia. 


Desafíos y limitantes

Hay un gran espacio para la agricultura digital, que apunta a superar uno de los principales desafíos: aumentar la producción sin ampliar significativamente el área sembrada. Esto abre la puerta al uso de innovaciones en el área de las TICs. En los últimos 50 años la capacidad productiva en la agricultura se triplicó, mitigando las consecuencias del crecimiento poblacional. Para que esto se cumpla es imprescindible desarrollar los sectores de las telecomunicaciones, los servicios de computación en la nube, el análisis de datos y la automatización. Pero lo esencial es solucionar dos problemas de fondo: la falta de conectividad en el campo y la deficiente formación educacional en nuestra región.

Rodrigo Parreira, CEO de Logicalis LATAM dice que “hoy las operadoras de telecomunicaciones tienen dificultades para cubrir las áreas de plantación más remotas. La tecnología para la agricultura de precisión necesita de sensores para hacer las mediciones, y el transporte y procesamiento de esta información es un desafío. Tenemos algunas soluciones de transporte de información de pequeños anchos de banda, pero sigue siendo un gran desafío.” La conectividad en el campo suele ser satelital, lo cual es caro y poco eficiente. Puede ser suficiente para la demanda actual, pero para lo que se viene hay que pensar en algo nuevo y ahí hay una discusión muy interesante en la que participan gobiernos, proveedores de servicios y el sector agrícola, que tienen que encontrar soluciones juntos.”

Esto es muy reciente en América Latina, agrega Antonio Domínguez, Country Manager de Logicalis en Paraguay y socio del Club de Ejecutivos. “En EEUU hay toda una industria de telecomunicaciones especializada en áreas rurales. En Europa la geografía ayuda, porque hay muchas pequeñas ciudades y las extensiones de tierra no son tan grandes. Pero en Latinoamérica hay concentración de personas en grandes ciudades y grandes áreas remotas cultivadas. Creo que en 5 años vamos a ver muchas operadoras enfocadas en ese nicho. Será una tendencia natural del mercado, dada la demanda”. 

La dificultad para acceder a internet es una limitante para el avance de las apps móviles en el medio rural. Pese a eso, los indicadores de uso van mejorando: los registros de diferentes compañías de telecomunicaciones destacan que las personas del campo están menos conectadas que las de la ciudad, pero en un porcentaje que varía entre 5% y 15%. Y las falencias de los sistemas educativos conspiran contra la formación del capital humano que deberá gestionar estas tecnologías. Después de todo, la gente aún sigue siendo necesaria.

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